Las habilidades sociales en Primaria son la forma más clara de generar relaciones positivas e interactuar con los demás contribuyendo de forma evidente en su desarrollo social y emocional. La empatía y la asertividad son los pilares en los que se fundamenta este aprendizaje en los niños y alumnos. La empatía sabemos que es la capacidad de percibir y comprender a los que están alrededor, mientras que la asertividad consiste en conocer y expresar los propios derechos y defenderlos, pero respetando a los demás. 
Lo primero de todo, hemos de constatar que la principal forma en que un niño interioriza y aprende las cosas, por su edad, es a través de la observación, imitación e interacción continua. Con lo cual, sus educadores somos sus principales referentes, y de nuestra actuación dependerán muchos de sus aprendizajes en todos los aspectos. Del mismo modo, para aprehender estas habilidades sociales hay que afirmar que en los niños se mezclan muchos factores a nivel emocional, personal, familiar, escolar, ambiental, etc., por lo tanto es normal que a veces les cueste gestionar ciertas circunstancias de la vida escolar y familiar, ya que están en proceso de desarrollo y formación constante.
También hay que matizar que, hoy en día, la sociedad no es cómo era la nuestra en nuestra infancia, todo ha cambiado muchísimo y la realidad social del niño ahora es mucho más compleja que la que nosotros vivimos. Los medios de comunicación, las nuevas tecnologías, las reglas tan cambiantes de hoy en día, todo esto coloca a los niños en un terreno que les queda grande y por ello es normal que les cueste situarse, para nosotros fue todo más sencillo en este ámbito. Por este motivo el niño necesita herramientas suficientes y necesarias para tener una relación social saludable y real. Precisamente de esto es de lo que quiero tratar en este artículo, de facilitar algunos recursos y herramientas que puedan ser de utilidad a las familias y educadores para posteriormente ayudar de forma efectiva.
Seguramente haya más aspectos, pero considero que estos serían los más importantes:
– Crear un LENGUAJE SOCIAL, que sea comprensible, básico y efectivo. En la interacción con ellos tendremos que bajar mucho a su nivel, y garantizar que les comprendemos y ellos a nosotros. Sin rodeos, con ejemplos claros, en cualquier situación que lo requiera. Hacer de esto una rutina les ayudará con el tema de la comunicación.
– Hay que insistir en que aprendan a ESCUCHAR; les cuesta bastante a los niños en general, hay que enseñarles a respetar los turnos de palabra, a saber esperar, tenemos que declarar la “guerra” a la inmediatez, y no olvidar que nosotros debemos respetar también cuando él esté hablando. Con esta medida mejorarán su autocontrol, muy importante en la interacción social. 
– Mostrar gratitud, saber disculparse, incluir el «por favor», enseñarle la diferencia entre una petición y una exigencia. 
– Enseñarles a TOLERAR y la importancia de compartir, son aspectos de empatía necesarios para una buena interrelación social.
– Que aprendan a RECONOCER sus propios errores, siempre con nuestro ejemplo por delante.
– Potenciar sus PUNTOS FUERTES hacérselos ver les generará una autoestima positiva y ganarán seguridad en sí mismos. Que aprendan a quererse. Y para quererse, los educadores (padres y profesores) hemos de darles un buen modelo día a día.
– DEDICARLES TIEMPO, no solo estar presente, sino escucharles e inspirarles.
– Ofrecerles oportunidades para que se sientan competentes en casa, en la calle, en el cole…(dándoles pequeñas tareas o responsabilidades que puedan resolver eficazmente).
– Debemos evitar compararles con sus hermanos, con compañeros o amigos…, ¡y etiquetarle!  
– Valorar más los esfuerzos que los resultados.
– Ojo a los castigos, hay que tratar de ganar la batalla sin gritar ni perder los nervios.
Todas estas claves les ayudarán a ganar en seguridad en sí mismos y cada vez gestionarán mejor sus emociones. La clave en sus relaciones sociales será la ASERTIVIDAD, y aunque esta parte recae mucho en nosotros en sus educadores, es oportuno que los padres sean conscientes de ello, porque habrá situaciones en casa donde haya que trabajarla. La asertividad está muy relacionada con la autoestima, pero aún va más allá. Sería proteger y reclamar sus derechos, sabiendo que el que está enfrente merece el mismo respeto que yo. Lo que repetimos en clase constantemente a los alumnos, la Regla de Oro: «Trata a los demás como te gustaría ser tratado». Ponerse en el lugar del otro. Que recurran a un adulto cuando necesiten ayuda. Para ello, es bueno: 
– Apoyar sus iniciativas, que se pongan metas y objetivos adecuados y asequibles a su edad les generará autoconfianza y, si se equivocan, enseñarles que en realidad no pasa nada, que deben aprender y volverlo a intentar.
– Encomendarles tareas en casa y hacer un seguimiento. 
– Cuando algo no les parezca justo, ofrecerles patrones de cómo protestar o defenderse, con orden y tranquilidad, diálogo. Ganar sin discutir.
– No permitir que critiquen, o se burlen de nadie, sino enseñarles a ponerse en el lugar del otro.
– Que tengan un buen hábito de consultar a los adultos que intervenimos en su educación.
– La vida a veces no es fácil, y todo no nos sale como queremos. Puede hasta ser confusa para un niño, pero protegerles de todo esto es caer en la irrealidad, es mejor darle estrategias para que superen esas dificultades, no sustituirles. El aprendizaje sucede cuando se enfrentan a ellas, aunque se frustren. No olvidemos que uno de nuestros objetivos es que gane en autoconfianza.
– Evitar relaciones de agresividad, gritos, etc.
– Buscar siempre el sentido del humor, reforzar la creatividad a la hora de relacionaros con ellos.
El objeto de este artículo no es que el lector siga estas indicaciones como un guión inamovible. se trata de tenerlo claro y ayudarles intuyendo sus necesidades y ayudarles como lo requiera cada situación. El día a día y la evolución madurativa de los niños les hará más fuertes y seguros de sí mismos, si tenemos presentes todas estas pautas. El reto está en perseverar en el día a día, lidiar con el cansancio, la falta de tiempo, el estrés y las prisas, etc.
Pero, si lo pensamos, no son complicadas de llevar a cabo y, ¿acaso no merece la pena la empresa? 
Por la sencillez hacia el éxito”.

 

Raúl García es profesor de Primaria, psicólogo, pedagogo y logopeda


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